martes, junio 16, 2009

Tabúes Odiar… ¿Para qué?

Odiar hasta que duela,
odiar al punto que el corazón se encoja,
se estruje, se llene de agua,
se haga tan pequeño que casi no alcance para nada…
Odiar al punto que la sangre empuje los líquidos de los nichos oculares,
que lleguen al punto de estallar.
Odiar al punto de llorar,
Al punto del más agudo berrinche,
odiar con todo el cuerpo…
hacer que el cuerpo vibre del dolor del odio;
revolcarse del odio envidioso que aumenta el odio de impotencia.
Odiar, odiar, odiar, odiar con todas las fuerzas del mundo,
odiar con todas las fuerzas del cuerpo,
odiar hasta que duela.
Odiar con ese incomprensible llanto de inutilidad,
de impotencia, de frustración, de estar asqueado,
odiar profundamente hasta que las entrañas sean incapaces de recibir ni contener el más delicioso nutrimento.
Odiar confusamente,
odiar estrechando los ojos, enfocando con toda la fuerza,
odiar con profunda pasión,
odiar hasta que no entiendas,
odiar hasta que te ciegues,
odiar deseando fulminar, pulverizar y desaparecer lo odiado.
Odiar, odiar, odiar sin reprimirse,
odiar sin hipocresía.
Odiar sin tapujos,
odiar sin limitaciones,
odiar sin pecado…
¡Odia para poder amar!

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