martes, junio 02, 2009

¿Entonces en qué quedamos?

Pobres de nosotros porque “no andamos en nada”, no hay forma de sumar uno más uno y esas cifras apiladas pronto se derrumban y quedan de nuevo en nada. Muchos se “dan color” y otros reafirman sus discursos solititos, recordemos que son pocos los que “leen” en Guatemala y menos los que van más allá del entendimiento llano de ese concepto; los escritores cotidianos y sus análisis profundamente hundidos en su pasión, inyectados de enojo, impotencia ante el “aquí no pasa nada”, escriben y escriben desgastando sus ideas en la lija de la indiferencia, ya que la madre impunidad ha dado cobijo a los actores y actrices de estos desmanes y no pasa nada. Nos instruimos en profundos discursos que buscan justificar con creces la positivación de la justicia, del sentido de seguridad y de un estado de paz suficiente para vivir con toda responsabilidad y de producir para crecer, para desarrollarnos, con ese compleja integridad. Ellos enfrentan a las pocas palabras, al discurso llano, eufórico, hepático pero con el poder del poder; desde ese trono y con esas fuerzas cualquiera se defiende y no necesita profundizar en nada, no necesita convencer de nada. Ya todo está decidido y debe cumplirse de esa o de aquella forma, al final es la oportunidad que se tiene de experimentar las otras formas de vivir la “democracia” o los “estilachos” de sistemas que buscan ser patentados como exitosos a costillas del monólogo y la imposición.
Las semanas pasan, las personas se lanzan de las camionetas buscando sobrevivir al asalto, a la violación, a la muerte… signo fehaciente de querer vivir en estos compatriotas; otros corren raudos y se apoyan en las calcomanías cristianas del barandal del vacío y se lanzan desesperanzados, con profundos conflictos personales potencializados por esta realidad, se les ha cerrado toda puerta, toda ventana y no hay fuerza terrenal que los detengan y cobran vuelo hacia el infinito; enfermos dirán unos, pecadores otros, pero no estuvimos en esa ruta de escape y si lo estuvimos es evidente que no incidimos en nada. Salud mental? Uff!! Eso es lo que nos queda a la mayoría que no salimos en desbandada para acompañar en la ruleta de vida o muerte que acompaña en sus bolsillos, pegada a la piel de los emigrantes. De “esos” que deciden por las buenas buscar un nichito en donde sobrevivir aún a costa de principios humanos sacrificados pensando que algún día habrá mejores oportunidades, esperanzados agazapados como los sapos u otros bichos entre la sequedad la llegada de venturoso invierno esperando una mejor oportunidad en el devenir del tiempo. Otros, los terceros camina, corren, manejan o pagan taxi y se lanzan a los brazos de la muerte, solos o acompañados. Los cuartos escribimos, platicamos, buscando ideas que nos refresquen, que nos recarguen de sentido en el día a día; buscamos ecos, buscamos interlocutores que nos permitan no perder la calma, complementar ideas y ratificar que aun no estamos ni desesperanzados, ni locos, ni enajenados; porque de estos últimos ya tenemos suficientes, son los que para sobrevivir en este desorden ético y moral lamen el látigo que los fustiga, se pliegan indolentes a los principios humanos y buscan hacerse a toda costa del poder, por mínimo que este sea, ahí buscan construir su pequeño o gran feudo desde donde poder gozarse subyugando a ese pueblo anónimo, silente, reprimido, intimidado, manipulado a fuerza de incertidumbre, de ignorancia, pero sobre todo de la necesidad de verse incluidos en el reparto del estar mejor, del tener un empleo digno, medianamente estable; la sobrevivencia ya es trabajo personal en esta guerra que tiene batallas diarias. Todo este sistema es nuevo para la mayoría que no creció en él y ahora busca entenderlo y acomodarse con afán mimético que le permita llegar a tener las buenas “varas”, sobrevivir, defenderse, sentirse parte de esto que llamamos sociedad con una normativa que choca en su interior y nos deja asolados pensando que esa nueva estructura ética que busca ser abrasada como norma, como conducta, como lo correcto que a diario nos representan en este anfiteatro de muerte, violencia y corrupción.

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