viernes, febrero 13, 2009

En un foro de Prevención, rehabilitación y administración de cárceles

Los elementos considerados en la apertura de la actividad a la cual hago alusión, hacían presuponer que esto sería un poco más de algo ya conocido; pero resulta que no fue así. Vi asombrado como mucho del tiempo ocupado en presentaciones, reflexiones y exhortaciones ocupaban mi lupa de necesidad insatisfecha se percataba que reiterativamente se platicaba de evitar, evitar; en nuestro argo “prevención”; y aunque no quedaba claro como podrían medirse directamente el impacto que causaba el no poder medir directamente las intervenciones de prevención, causaba zozobra en algunos que siguen con angustia la necesidad de entregar números al circo romano para tranquilizar su sed de sangre, de diversión y pan. Pero resulta mucho más caro reprimir, controlar y sobre todo meter a la gente en la cárcel.
Este tipo de intervenciones si llenan la óptica de mucha gente que pide medir el impacto que provocará el dinero que va a poner en ese y otros proyectos represivos. Si claro se mide, se cuenta cuanta gente esta en prisión y cuantos están muertos, cuantos asesinados, cuantos desaparecidos, cuantos sentenciados o esperando ser ejecutados y aun no serían datos exactos, paradójico no. Pero eso es lo que hasta ahora privaba en la opinión correcta de los que hacen de arquitectos de la opinión pública. Esa es la forma directa y exacta de medir la intervención represiva. Pero resulta que preocupados por este tipo de satisfacciones alfanuméricas nos damos cuenta una y otra ves que sin conocer la mediación del costo beneficio de la prevención resulta que la podemos medir indirectamente, no al gusto de esos empíricos materialistas de las cuentas. Si lo medimos cuando esa sociedad en la que vivimos ya no sufre de tanta violencia, de tantos desajustes sociales, de perdida de estabilidad, de salud mental y de felicidad y tranquilidad reflejada en sus habitantes. Invertir en prevención, puede sonar a gastar más , pero esto no es más que potencializar lo que ya hacemos, pero con absoluta mejor calidad, y con el mismo dinero.
En donde empezó este cuento de la serpiente alimentándose de si misma, no quiero recordar específicamente, pero para nosotros no fue hace más de tres décadas cuando todo el booom del los petrodólares rondaron los ojos y sobre todo cuentas y bolsillos de ambiciosos líderes que encontraron en ella la posibilidad de salir de la miseria en que vivía. Pero igual se convirtieron en seres más miserables, con ello iniciaron la escalada de desentendidos que hasta ahora acompañan nuestros procesos nacionales y que no permite que la gente en colectividad tenga sueños y se una a proyectos por estar mejor. La fuerza ha sido tal que no salimos de ella, pero si nos cobra su factura de dolor muerte y sobre todo indesarrollo en los albores del siglo 21.
Bueno pues, haciendo prevención con lo mismo, pero con mejor calidad de cómo lo hacemos hoy día. Esta transformación esta ligada a valores, de esto se hablo mucho como un argumento que nos acorrala como necios que nos hemos saltado las trancas pensado que lo podíamos hacer de otro forma, de la forma técnica, del imperio de la obligación, cómo que funcionáramos de esa forma. Para ello es necesario creer, tener fe, confiar de nuevo que hay gente buena y que si nos fallan o fallamos, igualmente habrá gente nueva que nos sustituirá y tomará el hálito insuflado por la esperanza y por el merecimiento natural a estar mejor, a ser entes en perpetuo perfeccionamiento, gente que lo intentará otra vez para estar de nuevo en los caminos del desarrollo, de la paz y de la oportunidad de que le demos a las generaciones pequeñitas la oportunidad de crecer y aprender en la vida cotidiana que somos de otra forma, aunque a veces lo dudemos. El resto, muchos de nosotros necesitaremos someternos a proceso de rehabilitación que nos ayuden realmente a transformar nuestras mentes y corazones y ya limpios poder reingresar a la sociedad y hacer lo que tenemos que hacer, pero sobre todo con una garantía que definitivamente lo vamos ha hacer mejor, lo vamos hacer bien, porque nos merecemos eso y mucho más.

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