viernes, enero 16, 2009

Guatemala un país desmembrado pero con esperanza

(Parte I)
Asistir a la presentación favorecida por Diálogo Intergeneracional en el sombrío salón de del Paraninfo Universitario además de la curiosidad por saber lo que dicen nuestros intelectuales me retrajo en el tiempo. Si cuando en los momentos de la crisis del terremoto del 76, en donde este sitio nos dio cobijo por muchos meses (casi un año) a mi familia y a muchas otras en donde sin quererlo entramos en contacto con esa estructura vedada hasta ese momento. Recorrió mi recuerdo infantil veladas artísticas en donde por cuello el guardián de ese entonces nos colaba hasta los palcos oscuros y veíamos desde ahí parodias y arte diverso de los estudiantes universitarios de aquel entonces. Recodé entonces las réplicas del 5 de febrero, al medio día creo, en donde maravillado, más que asustado, observé desde la banqueta del paraninfo como las altas paredes de la Casa Central ondulaban de abajo hacia arriba al igual que lo hacía toda la segunda avenida hasta donde mis ojos alcanzaban ver. Recordé como luego cambié el ático del salón mayor por el parqueo, era más fuerte el deseo de sentirse con unos quetzales en la bolsa luego de “cuidar” los carros de los asistentes a alguna actividad de aquel tiempo. Recordé también los lugares prohibidos por el temor embadurnado por los adultos que contaban como el anfiteatro era más una carnicería de cuerpos humanos que cedían sus pedazos en beneficio de la ciencia y del aprendizaje en los futuros médicos. Recorrer los recuerdos de espantos y aparecidos merodeando con sus luces de ultratumba traslucidos en los enormes ventanales. Recordar como por fuerza mayor se usaban los servicios sanitarios y como más corriendo que andando se escapaba de la posibilidad de encontrarse con cualquiera de esas abundantes almas que se habían apropiado de las estructuras de la Escuela de Medicina.
Grato recuerdo también lo constituye ese cumpleaños, seguro que hubo alguna celebración anterior, pero recuerdo esta; terremoto, réplicas, desplazamiento, champa, carpa con una gran cruz roja, un brazo gitano aportado por mi madre, por eso respeto mucho esta presentación de pastel y cuando puedo me como un trozo aun a sabiendas que nunca sabrá igual que aquel que estuvo lleno de amigos efímeros, pudientes decía yo; muchos regalos, usados todos ellos pero ya se podrán imaginar ese cumpleaños en medio de los jardines, una bola de patojos que sobrevivimos al siniestro y que la experiencia se tornó en jolgorio. Recuerdo como mi hermano, el más pequeño se quedó trabado en el tiempo con una cuchara prisionera en su boca y su mirada perdida, vacía. La culpa la habíamos tenido los otros hermanos por molestarlo mientras comía. Granos, pelagra, susto, todo nos llegó luego de aquel movido amanecer. La visita de la maestra que buscaba a sus alumnos sobrevivientes en todos los asentamientos de la zona uno y de la zona tres. Ver su rostro pegada a los barrotes de la baranda de la calle nunca se me olvidará, ha seño Aida.
Esto y mucho más me generó la tenue luz, las sombras, la humedad y el frío de ese lugar y quizá cerro esa etapa el recordar como mi amigo el guardián me invitaba a conocer las nuevas colonias empujadas y apresuradas por el terremoto y para llegar a ellas caminábamos hasta sobrepasar el puente Veles Prado y tomarnos una taza de caldo con alguna familia anónima para mí. Ahora el descuido me roba la exactitud de su nombre, pero no se lo llevó el terremoto, no, se lo tragó el mar en una visita al puerto, salud amigo. Ahora ya puedo expresarles lo que pasó en esta actividad…

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