En estos días y con pocos cambios en la historia del Sistema Penitenciario veo cómo en una complejidad pasmosa se estancan los procesos necesarios para salir adelante, no ofreciendo desde esta estructura posibilidades reales de cumplir con sus misión constitucional sin poder dejar de lado la expresión de cada una de las autoridades que llegan y se van sin apenas dejar huella, enunciando a la institución como la “Cenicienta” del Misterio de Gobernación. Esto no lo podemos expresar mejor que con una explicación macabra construida por los intereses de algunos malos guatemaltecos que encuentran en esta situación lo propicio para perpetuar la tragedia nacional. Es más que un simple complot histórico, va más allá de de esa intención y se queda entre nosotros como otra acción violenta, criminal, deshonesta y totalmente alejada del sentido profundo de justicia, toda una actividad criminal como muchas normalizadas ya en nuestra realidad nacional; lo veo y encuentro palabras ajenas que hacen eco en mi perspectiva el columnista Mario Fuentes Destarac lo vincula a lo que llama la “economía brutal”. De esa en que estamos hechos en Guatemala, de esa que muchos puritanos capitales de hoy fueron construidos y fortificados (leer: “Los Diputados y sus negocios). De la buena voluntad de la gente no dudo, pero hay un expresión que llenaría mi apreciación de esta situación “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. Todos tienen razones para hacer o dejar de hacer las cosas, todos tiene una excusa, una interpretación, un interés bañado en la interpretación de lo que debe ser el Sistema Penitenciario. Todo mundo tiene su propio “deber ser” en donde en forma directa o menos expuesta aparece el beneficio individual, hacerlo a su medida, pero eso si, que funcione solito, pero a mi medida; porque “yo no me comprometo”.
Soledad triste la que acompaña a cientos de sonámbulos que esperan con el tic tac de la segundera la llegada de la preciada jubilación, “cómo la quiere… por edad o por tiempo cumplido…” expertos en tiempos y papeles que liberan al humilde servidor o al encopetado profesional de una vida de frustración, vacío y hastío generado por la espera de las 13:00, de 17:30, nunca de las 9:00 de la mañana y de todo asueto, salida inesperada, visita eterna al IGSS, somatización o mentira de turno para hacer menos tediosa la espera, en donde el tiempo que queda se gasta en prácticas de sobre vivencia laboral en donde con uñas y dientes, con chisme, con cuello o demanda; amordazo a una institución lacerada, prostituida y ninguneada no por unos cuantos. En estas condiciones es fácil trabajar porque hay mucho que hacer, que lógicamente entenderemos que es los que los otros dejan de hacer o simplemente omiten hacerlo, “para qué si te todas formas…”
Pero increíblemente funciona, funciona a medias, pero funciona como un organismo conectado a la máquina de diálisis, al corazón artificial, a las transfusiones; no pidamos más porque cualquier esfuerzo lo hace entrar en crisis vital, coma (que es en donde está desde hace tiempo) y muerte. Bueno creo que definitivamente sería algo conveniente que permitiera empezar de nuevo y quemar hasta las cenizas para que realmente fuera nuevo. Sabemos que esa acción es difícil, se requiere de gónadas bien cargadas y que a todo nivel permita hacerlo; pero mientras la “mano peluda” siga metida en esta estructura “persuasiva, perversa y cínica” de las conductas criminales de algunos de estos hermanos y hermanas ciudadanas de esta Guatelinda, que lo permiten y que se lo reparte en pushos miserables o los que se quedan con lo grande dejando que pase de todo. Este proceso reconstructivo (para decirlo apegado a la realidad y no a la fantasía de decir nuevo) en el que la posible rehabilitación de los que ya están adentro será cosa individual, circunstancial y de sobrevivencia más que de intensión política, humana y social; que tendrá que ser reflejada en la rehabilitación de todos esos zombis que deambulan día tras día contando su propia historia, esperando que otra cosa pase, pero eso sí sin verse movidos a participar en la solución.
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