viernes, marzo 13, 2009

Madoff y el “mea culpa”

Una de las grandes limitaciones que presenta cualquier persona en nuestro medio es aceptar que ha “ha metido la pata” que se ha equivocado y que lo que hace o hizo en algún momento de su vida es malo, dañino, perjudicial para él o los demás. Participamos de una cultura que entre sus haberes cuenta con la lastimería, el pretexto, la excusa, el disfraz, la victimización o la más compleja enajenación para alcanzar la hipócrita posición de esa necesidad insatisfecha de inocencia, aquí nadie el culpable, aquí depende de ser quien eres para conocer la excusa o pretexto que se expondrá para buscar exculpar o en el peor de los casos justificar el mal actuar.
Los políticos, como expresa Pinti en una de sus presentaciones, son perseguidos políticos y que sus adversarios le han tendido una y otra trampa y en ningún momento ladrones del erario nacional ni de las oportunidades que se les presentan, ahí no hay robo, ahí hay persecución. Y los más pelados se aferran a un constante “soy inocente” aunque los metan al “bote” por toda la vida, solamente fueron presas de las circunstancias, de la pobreza, de la marginación y de la persecución de las fuerzas de seguridad. Bueno en esto hay algo importante que entrecomillar, definitivamente si se criminaliza estas situaciones, pero no escribo de ello ahora, escribo del acto criminal, no de cómo llegó a darse. Terminan o no los tiempos de condena de muchos pero ya a esas alturas pocos han aceptado en algún lugar o con alguna persona de total confianza que son responsables de un acto criminal, pero mejor si solamente su confidente lo sabe. Otros publican a voces que han sido malos conversos pero no particularizan y asumen la redención de sus hechos con sus hechos.
La rehabilitación busca transformar la mente y el corazón del individuo sin llevarlo por los caminos de la enajenación, sino de la confrontación del hecho y con él de las causas que lo provocaron, reflexionar, caer en cuenta que se pudo evitar y que desde luego no volverá a verse involucrado en otro hecho criminal porque su conversión, su rehabilitación está en franco avance comprometiéndose con procesos que prevengan que eso siga sucediendo en la sociedad, ser desde ese momento factores de cambio desde su propia vida.
Muchos comentarios me llevan a intentar comprender que la necesidad de muchos por ver al otro reconociendo su pecado está lleno de morbo y venganza, de esa necesidad de ver machacado al otro, de verle destruido y humillado. ¿En dónde está nuestro corazón y nuestra mente entonces?
Pedimos que esas declaraciones se hagan públicas y cuando suceden se nos termina el encanto de la intriga, del ardor, de la rabia, de la furia. Esto pasó con las declaraciones de Madoff al expresar que se equivocó y que luego de iniciar la estafa millonaria desde gringolandia para todo el mundo al estilo Autocasa, asume que es responsable y que producto de sus actos posiblemente el sistema judicial gringo lo condene hasta por 150 años. Pero las cosa no se queda ahí; los lectores dudan de esa declaración y esperan no se que cosa y terminamos sin entender lo que no podemos por nuestra cultura funcional en la que todos somos inocentes aun teniendo sobre nuestra conciencia muchos actos que de repente no tendrían 150 años de cárcel, pero igual hay una responsabilidad que no se enfrenta y nos morimos sin aceptar que libre de las causas que nos llevan a actuar somos responsables de nuestros actos y como tales debemos asumirlos con total certeza que eso nos hará libres convirtiéndonos en hombres y mujeres nuevos. Solo es cuestión de aceptar que nos equivocamos para empezar a cambiar y con nosotros y nuestras actitudes también cambiará el mundo que habitamos. Al toro por los cuernos.

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